Hay videojuegos que tienen una premisa que parece diseñada después de una noche de fiesta.
—¿Y si hacemos un beat 'em up?
—Vale.
—¿Y si además metemos dinosaurios?
—Vale.
—¿Y Cadillacs?
—Hostias, claro.
Y así, más o menos, nació una de esas recreativas que durante los noventa consiguieron que nuestras monedas desaparecieran a una velocidad preocupante: Cadillacs and Dinosaurs.
Capcom lo volvió a hacer. Cogió una idea que podía haber terminado en un auténtico despropósito y la convirtió en uno de los beat 'em up más recordados de los salones recreativos.
Porque aquí no había que salvar el mundo con elegancia.
Había que avanzar hacia la derecha y repartir hostias.
Y si por el camino aparecía un dinosaurio, pues también.
Antes de los dinosaurios estaban los cómics
Aunque para muchos Cadillacs and Dinosaurs fue simplemente "el juego de la recreativa", el videojuego estaba basado en Xenozoic Tales, el cómic de Mark Schultz.
La historia transcurría en un futuro postapocalíptico en el que los dinosaurios habían regresado a la Tierra.
Una premisa bastante más elaborada de lo que necesitábamos para echar una partida de cinco duros.
Capcom cogió ese universo y lo llevó a su terreno favorito: el beat 'em up.
Y vaya si sabía hacerlo.
Cuatro personajes y una pantalla llena de desgraciados
Podíamos elegir entre cuatro personajes: Jack, Hannah, Mustapha y Mess.
Cada uno tenía sus propias características y estilo de juego, aunque tampoco hacía falta estudiar sus estadísticas como si aquello fuera un RPG. Elegías al que más te molaba y a repartir.
El funcionamiento era sencillo:
avanzar, pegar, coger armas y seguir avanzando.
Y precisamente ahí estaba su encanto.
No necesitabas veinte tutoriales ni tres árboles de habilidades.
Veías a un enemigo.
Apretábamos el botón.
Problema resuelto.
Bueno, a veces no.
Porque los enemigos tampoco venían precisamente a repartir abrazos.
Y entonces aparecía un dinosaurio
Aquí estaba la gracia.
Podías estar pegándote con un grupo de matones y, de repente, aparecer un dinosaurio dispuesto a convertir aquella pelea en un auténtico festival del caos.
Y es que los dinosaurios no estaban ahí únicamente para decorar.
Formaban parte del juego y podían complicarte muchísimo las cosas.
Porque una cosa es enfrentarte a cuatro delincuentes.
Otra muy distinta es hacerlo mientras un dinosaurio cabreado corre por la pantalla.
Y ahí Cadillacs and Dinosaurs encontraba su personalidad.
No era simplemente otro Final Fight con personajes diferentes.
Era otro beat 'em up en el que, además de pegar a delincuentes, tenías que estar pendiente de la fauna local.
Armas, objetos y hostias
Como buen arcade de Capcom, el escenario estaba lleno de cosas susceptibles de convertirse en armas.
Bates, cuchillos, armas de fuego, explosivos...
Porque en los beat 'em up de los noventa una papelera nunca era una papelera.
Era una oportunidad.
Encontrar un arma podía cambiar completamente una pelea, y cuando había varios jugadores en pantalla aquello podía convertirse rápidamente en una batalla campal.
Y hablando de varios jugadores...
Con amigos era todavía mejor
Cadillacs and Dinosaurs brillaba especialmente en cooperativo.
Cuatro jugadores podían liarse a hostias simultáneamente, llenando la pantalla de enemigos, armas, dinosaurios y efectos.
Y, por supuesto, de gritos.
—¡Eh, esa arma era mía!
—¡No me la robes!
—¡Hostia, el dinosaurio!
Ese tipo de caos era parte de la diversión.
Hoy tenemos juegos cooperativos con sistemas muchísimo más complejos, pero pocas cosas igualan la sencillez de meter una moneda, elegir personaje y empezar a repartir mamporros con tres amigos.
¿Ha envejecido bien?
Pues sí.
Con matices, claro.
No estamos ante un juego que vaya a sorprender a nadie por su profundidad jugable en 2026. Pero tampoco lo necesita.
Cadillacs and Dinosaurs entiende perfectamente qué quiere ser y no se complica la vida.
Tiene buen ritmo, escenarios variados, enemigos reconocibles, armas, dinosaurios y suficientes momentos de caos como para mantenerte entretenido.
Y sobre todo tiene algo que muchos juegos de su género todavía intentan conseguir:
es divertido casi inmediatamente.
No necesitas media hora para empezar a disfrutarlo.
No necesitas desbloquear nada.
No necesitas estudiar una build.
Metes moneda y empiezas a repartir.
Una locura que funcionó
Y quizá lo más curioso sea que, sobre el papel, Cadillacs and Dinosaurs debería haber sido una auténtica ida de olla.
Dinosaurios.
Coches clásicos.
Un futuro postapocalíptico.
Cuatro personajes repartiendo hostias.
Armas por todas partes.
Y Capcom decidió que todo aquello tenía sentido.
Lo mejor es que tenía razón.
Porque cuando recuerdas los recreativos de los noventa, no recuerdas solamente los juegos.
Recuerdas el ruido de las máquinas, las luces, los colegas, las monedas que desaparecían de tu bolsillo y aquella sensación de encontrar una recreativa nueva y pensar:
"Tengo que probar esto."
Y Cadillacs and Dinosaurs tenía exactamente ese efecto.
No necesitaba explicarte demasiado.
Veías el nombre.
Veías el Cadillac.
Veías los dinosaurios.
Veías a cuatro tíos preparados para repartir hostias.
Y ya estaba.
Cuando Capcom decidió que los dinosaurios también necesitaban hostias, nosotros solo tuvimos que poner la moneda.
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