domingo, 15 de febrero de 2026

Zombies Ate My Neighbors: Cuando tus vecinos se convierten en aperitivos

Si alguna vez pensaste que tu barrio estaba tranquilo… Zombies Ate My Neighbors llegó para reventarte esa ilusión como un cubo de agua podrida en la cara. Este juego no es solo un homenaje al cine de terror cutre de los 80, es un festival de sangre, gritos y chicles explosivos que hace que correr por un vecindario parezca un deporte extremo de supervivencia.


La excusa para el caos
Tú eres Zeke o Julie, dos adolescentes con más huevos que sentido común, que tienen que salvar a sus vecinos de todo tipo de criaturas: zombis, vampiros, momias, hombres lobo y hasta plantitas carnívoras sacadas de la Pequeña Tienda de los Horrores (Audrey II, te quiero). La misión: evitar que tus vecinos acaben como filetes de monstruo, todo mientras gritan, lloran y hacen cosas absurdas que solo empeoran tu trabajo.
Porque sí, el juego sabe que parte de la diversión es que no tienes ni puta idea de a quién salvar primero. ¿Tu abuela con bastón o el vecino con cara de loco que siempre hace el pollo? ¡Decisiones difíciles!

Arsenal cafre
Este juego es básicamente un catálogo de armas ridículas y gloriosamente inútiles:
Pistolas de agua: perfectas para zombis básicos o para refrescar al vecino sudoroso.
Sprays de insectos: porque ¿quién no ha soñado con matar vampiros a base de mata mosquitos gigantes?
Chicles explosivos: el equivalente ochentero de decir “esto lo arreglo yo con dinamita y buena onda”.
Granadas y bazookas: para cuando la sutileza no es suficiente y quieres que el jardín parezca un episodio de Evil Dead.
Cada arma es un guiño a películas y clichés de terror: que si Gremlins, que si El día de los muertos, todo servido con un toque de humor negro y sangre pixelada.

Niveles: un desfile de horror suburbano
Cada nivel es una locura total. Jardines llenos de zombies que salen de los setos, centros comerciales donde los maniquíes cobran vida y calles llenas de monstruos que aparecen donde menos te lo esperas. Es como si alguien hubiera dicho: “Vamos a poner a los protagonistas a correr como gilipollas mientras todo el vecindario se convierte en una película de serie B en 16 bits”.
Ah, y no olvidemos los jefes finales, que van desde el clásico Drácula hasta criaturas imposibles sacadas de tus peores pesadillas de VHS. Cada pelea es un carnaval de caos, gritos y risas nerviosas.

El factor cafre definitivo
Este juego no es solo un retr, es una experiencia de supervivencia absurda con risas garantizadas. Explosiones, vecinos gritones, monstruos imposibles… y tú, corriendo como un loco para que nadie muera mientras tu abuela se queja de que ha perdido el bingo. Cada partida se siente como mezclar Resident Evil con Los Goonies, un chorro de LSD y un cameo de Viernes 13.

Conclusión
Zombies Ate My Neighbors no es solo un juego, es un festival de locura ochentera que sigue siendo divertido hoy. Si quieres tiros, humor negro, guiños al cine cutre y un vecindario que literalmente se te viene encima, este es tu juego.
PD: Si Julie y Zeke fueran tus vecinos reales… probablemente llamarías a los bomberos, a la policía y a un exorcista antes de que salvaran a alguien. Pero qué más da, es solo un juego y tú lo vas a flipar.

domingo, 1 de febrero de 2026

Medievil. El héroe que no merecía ese título, pero se lo ganó ya muerto.



Dentro de los plataformas hay títulos muy diferentes y con dificultades muy diversas.

Unos son juegos para gente con el cerebro justo. Suelen ser de Disney o Lego.

Otros tantos tienen más tiros que en el O.K. Corral. Estos suelen ser complicadetes.

Y luego está MediEvil.

No es difícil. Es un puto caos hecho juego.

El control es una cagada.

La cámara es tu peor enemiga.

Los checkpoints… risas de mal gusto de los desarrolladores.

Y aun así… no puedes dejarlo.

Sir Daniel Fortesque: el héroe que no lo fue tanto.

Participó en la batalla de Gallowmere. Bueno… “participó”.

La primera flecha que lanzaron le dio en el ojo y palmó.

Valiente gilipollas.

Mientras los demás ganaban la guerra, Daniel era enterrado con honores.

Estatua, fama, gloria… sin haber hecho nada.

Cien años de mentira, hasta que Zarok intenta levantar a su ejército de muertos y monstruos… y la caga.

Resucita a todos los muertos del reino, incluido Daniel. Huesos, armadura, un ojo y ganas de arreglar su cagada histórica.


Un juego que te saca canas.

MediEvil no es difícil, eh.

Es injusto.

Te castiga porque todo conspira en tu contra: control torpe, cámara que te odia, enemigos que salen de la nada, plataformas que parecen trampas de puto sadismo.

Los checkpoints son una broma.

Te cabreas. Mucho.

Pero te ríes. También mucho.


Humor negro, macabro y delicioso.

El juego es raro. Entre cuento infantil y pesadilla.

Lo abraza. Lo hace suyo.

Enemigos: zombis, espantapájaros, monstruos que parecen creados por un borracho con resaca crónica.

Y la música… dios, la música.

Heroica y tétrica a la vez. Te hace sentir grande, torpe y ridículo. Al mismo tiempo.

El remake lo pule bonito, pero no cambia lo que importa: la frustración y el encanto siguen intactos.


Fases para recordar… y maldecir.

Cementerios que te odian, castillos que parecen hechos por un jefe de obra borracho de licor de hierbas, aldeas que te miran mal.

Cada fase es un puto reto de paciencia y risas negras.

Aprendes que ser bueno en este juego no está en ser bueno…

Sino en sobrevivir al caos y seguir riéndote mientras te matan.


Por que le tengo a Medievil en taaaan gran estima.

MediEvil no es perfecto.

No es justo.

No te cuida.

Pero tiene alma. Carisma. Flow.

Sir Daniel Fortesque te enseña que incluso un esqueleto torpe puede ser leyenda.

Que la gloria a veces se roba… y otras veces te la mereces, aunque solo sea por aguantar.

Y por eso, cada vez que vuelvo a Gallowmere, me siento vivo.

Frustrado, torpe… pero vivo.


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