domingo, 10 de mayo de 2026

Gran Turismo 4: el simulador que nos enseñó a conducir… y a sufrir


Vamos a centrarnos. Gran Turismo 4 es, probablemente, el mejor juego de coches que ha parido esta saga. Y también uno de los mayores ejercicios de paciencia, frustración y masoquismo que nos hemos tragado con una sonrisa de imbécil.
Porque sí, aquí hay amor. Mucho. Pero también hay mala hostia. De la fina.

El porno automovilístico definitivo
Más de 700 coches.
Repito: más de 700 coches en una PlayStation 2 que sudaba solo de cargar el concesionario. Ahora da gracias porque la mayoría no vengan en DLC.
Esto no era un juego, era un catálogo fetichista del motor. Marcas reales, modelos reales, coches que no habías visto en tu puta vida y que aun así querías conducir como si fueras Fernando Alonso en domingo de gloria.
Circuitos míticos, físicas serias, progresión lenta… todo te decía:
"esto no es un arcade, chaval. Aquí se viene llorado de casa."
Y tú encantado.
Bienvenido a la autoescuela del infierno
Las licencias.
Ese momento en el que el juego se quitaba la careta y te decía:
"¿Te creías bueno? Ven aquí, campeón."
Frenadas perfectas, trazadas milimétricas, repetir la misma prueba hasta que te sabías cada píxel de la curva como si fuera el salón de tu casa.
Oro… plata… bronce… y humillación.
Porque lo peor no era perder.
Lo peor era quedarte a 0.003 segundos del oro después de 20 intentos y sentir que el juego se estaba riendo de ti en japonés.

El grindeo antes de que estuviera de moda
Aquí no había microtransacciones.
Aquí había sufrimiento artesanal.
Querías un coche bueno → corre 15 carreras.
¿No te llega el dinero para prepararlo?→ otras 15.
¿La has cagado en la última vuelta? → A EMPEZAR.
Gran Turismo 4 no te recompensaba. Te examinaba.
Y lo peor es que funcionaba. Porque cada mejora, cada coche nuevo, cada victoria… sabía a gloria bendita. A victoria real. A “esto me lo he ganado yo, no me lo han regalado por entrar al menú diario”.

La IA: ese cabrón con carnet de cabrón.
La inteligencia artificial tenía dos modos:
Lenta como un tractor
Endemoniadamente perfecta cuando menos te lo esperabas
Ese coche que de repente se vuelve Senna reencarnado, te clava la trazada perfecta y te deja con cara de tonto mientras tú te comes la grava como un amateur.
No era justa.
Pero tampoco lo es la vida.
El “una más y lo dejo” (spoiler: no lo dejabas)
Te cabreabas. Mucho.
Apagabas la consola pensando:
"A tomar por culo, mañana lo intento."
Mentira.
Diez minutos después estabas otra vez con el mando, repitiendo la misma prueba como un yonki de la perfección.
Porque Gran Turismo 4 tenía algo que hoy se ha perdido:
orgullo.
Lo que hoy no aguantaríamos ni de coña
Vamos a ser claros.
Hoy sale este juego tal cual y lo revientan:
Menús lentos como una procesión
Explicaciones cero
Accesibilidad inexistente
Castigo constante
Hoy queremos inmediatez, recompensas rápidas, luces, fuegos artificiales y un “¡bien hecho campeón!” cada 30 segundos.
Aquí no.
Aquí el juego te miraba a los ojos y te decía:
"si quieres algo, cúrratelo."
Por qué sigue siendo el rey
Y aun así… sigue siendo el mejor.
Porque no te trataba como a un idiota.
Porque no te regalaba nada.
Porque cada victoria costaba… y por eso importaba.
Gran Turismo 4 no era cómodo.
No era amable.
No era rápido.
Pero era honesto.

El veredicto Retromostoladas
Gran Turismo 4 es como ese profesor hijo de puta que te hacía la vida imposible… pero gracias a él aprendiste algo de verdad.
Te jodía.
Te frustraba.
Te hacía repetir.
Pero cuando lo conseguías… eras mejor.
Y eso, amigos, no te lo da ni el 4K, ni los 60 fps, ni cien parches día uno.
Gran Turismo 4 no era un juego.
Era una prueba.
Y la aprobamos a hostias. 🏁🔥

miércoles, 6 de mayo de 2026

Resident Evil 3: correr, sufrir y que Nemesis te joda la tarde



Hay juegos que recuerdas con cariño.
Y luego está Resident Evil 3, que no lo recuerdas: lo sobrevives otra vez.

Porque una cosa es la nostalgia… y otra muy distinta es volver a Raccoon City y darte cuenta de que tú no eras bueno. El juego te dejaba vivir.


Nemesis no es un enemigo, es un puto acosador

Vamos a hablar claro: Nemesis no es un jefe.
Nemesis es ese compañero de curro que aparece justo cuando te ibas a ir para decirte alguna guarrada.

Da igual lo que estés haciendo:

- ¿Explorando tranquilamente? → “STARS…”
- ¿Sin balas? → "STARS..."
- ¿Con vida en rojo? → "STARS..." pero aparece más rápido

No te persigue. Te presiona.

Y encima el juego te da falsas decisiones tipo:

«“¿Quieres luchar o huir?”»

Sí, claro. Luchar. Con tres balas, un cuchillo y la dignidad por los suelos.
Spoiler: sales corriendo como si debieras dinero, pero como tu madre cuando te ganabas un hostión de niño, más tarde te pillará.


Una historia de huida, no de héroes

Aquí no vienes a salvar el mundo.
Vienes a salir con vida de una ciudad que ya está perdida.

Raccoon City está en pleno colapso:

- el virus se ha ido de madre
- la gente cae como moscas
- y tú eres básicamente un objetivo andante

Jill no está en modo heroína épica.
Está en modo:

«“A ver cómo salgo de esta sin que me revienten.”»

Y eso se nota en todo el juego. No hay pausa, no hay respiro, no hay momento de decir “lo tengo controlado”.
Porque no lo tienes.


Carlos: cuando el relevo no te tranquiliza

Y sí, también está Carlos.
Ese momento en el que dices:

«“Bueno, cambio de personaje, seguro que ahora voy más tranquilo porque es un militar entrenado por Umbrella.”»

JA, una polla para tí.

Carlos tiene más pinta de acción, más músculo, más “yo controlo”…
pero el juego te recuerda rápido que aquí nadie controla nada.

Sus tramos sirven para:

- cambiar el ritmo un poco.
- darte otra perspectiva del desastre.
- y demostrar que el problema no eres tú… es todo lo demás.

Además, le da un poco de aire a la historia, que si todo fuese Jill sufriendo sin parar, acabarías tú pidiendo la baja.


Controles tanque: cuando girar era un acto de fe

Aquí es donde entra la parte de “amor con mala leche”.

En tu cabeza:

«“Yo dominaba este juego.”»

En la realidad:

- giras como un camión conducido por un niño.
- apuntas como si tuvieras sueño.
- esquivas… bueno, lo intentas.

Los controles tanque hoy son duros, sí.
Pero también te digo: parte del miedo viene de ahí.

Porque no eres ágil. No eres rápido.
Eres una persona normal en una ciudad llena de cosas que quieren matarte.

Y eso, amigo, da más miedo que cualquier susto barato.


Las armas: aquí cada bala tiene nombre y apellidos

Esto no es un shooter.
Aquí disparar es una decisión importante.

Cada bala que gastas es una pequeña tragedia, y el juego te obliga a pensar:

«“¿Esto lo mato… o me voy corriendo?”»

Y luego está el sistema de creación de munición, que en su día era casi brujería:

- combinas pólvora
- eliges qué tipo de munición necesitas
- y rezas para no haberte equivocado

No es solo un sistema más.
Es una forma de decirte: “búscate la vida”.

¿Quieres ir fuerte? Vale, pero luego no llores cuando te quedes seco.
¿Quieres ahorrar? Perfecto, pero prepárate para esquivar como puedas.


Raccoon City: aquí no se viene a pasear

Este juego ya no va de mansiones elegantes ni puzzles tranquilos.
Aquí vienes a sobrevivir en medio del caos.

- calles destrozadas.
- fuego por todas partes.
- zombis que no respetan horarios.

Todo tiene un ritmo más rápido, más agresivo.
Y tú vas siempre con la sensación de:

«“Esto se va a torcer en cualquier momento.”»

(Spoiler: se tuerce siempre, y muchas veces).


Cosas que han envejecido… regular

Porque sí, aquí venimos con cariño, pero también con sinceridad:

- El sistema de esquiva funciona… cuando quiere.
- Algunas decisiones son más humo que otra cosa.
- Hay momentos que hoy dirías: “esto es injusto y punto”

Y aún así… sigues jugando.

Porque aunque te cabrees, sí, el juego es una pasada y te tiene enganchado.


¿Por qué sigue siendo la hostia?

Porque tiene algo que muchos juegos han perdido: identidad.

- Nemesis no es solo un enemigo → es el enemigo
- El ritmo no te deja respirar
- La tensión es constante
- Cada partida es un pequeño infierno personal

Y sobre todo:
No busca que te sientas poderoso.

Busca que sobrevivas.
Y cuando lo haces… sabe mejor que en muchos juegos modernos.


Cierre (o cómo aceptar que corrías más que luchabas)

Resident Evil 3 no era cómodo.
No era justo.
Y muchas veces tampoco era amable.

Pero tampoco lo era Raccoon City.

Y quizás por eso, tantos años después, sigue funcionando:
porque no jugabas a ser un héroe…

Jugabas a sobrevivir.

10 juegos que fueron un mierdón, y no pidieron perdón

Hay juegos malos. Y luego están los juegos que, después de esperar durante años, te cobran 60 euros, resultan ser un mie...