Hay formas de quitarle un caramelo a un niño. Puedes arrancárselo de golpe o convencerle de que, en realidad, nunca lo necesitó. Sony ha elegido las dos.
Durante años nos vendieron la moto de que el formato físico y el digital convivirían sin problemas. Que habría sitio para todos. Que tú decidirías cómo comprar tus juegos. Sonaba muy democrático. Muy bonito. Muy de anuncio con música inspiradora.
La realidad ha sido otra.
Primero empezaron a desaparecer los manuales de los juegos, luego las ediciones físicas de algunos lanzamientos. Después llegaron las consolas sin lector. Más tarde, accesorios y dispositivos completamente digitales. Y, cuando te quieres dar cuenta, la supuesta libertad de elegir consiste en escoger entre comprar en digital... o comprar en digital.
Eso no es ampliar opciones. Es ir cerrando puertas poco a poco hasta que solo quede una abierta.
Y ojo, que esto no lo escribe un talibán del formato físico. Yo compro todo en digital porque me resulta cómodo, no puedo gastar en jueguitos lo que me gustaría y el espacio que tengo es pequeño. No echo de menos cambiar discos cada dos por tres. Pero precisamente por eso puedo decirlo sin que parezca una rabieta: una cosa es elegir el formato digital y otra muy distinta que una empresa decida que esa será, tarde o temprano, la única forma de pasar por caja para todo el mundo, lo quiera o no.
Porque aquí está el truco.
Cuando compras un juego físico, el juego es tuyo. Lo prestas. Lo vendes. Lo cambias. Lo regalas. Lo heredan tus hijos si les da por descubrir que antes los videojuegos venían en cajas y no en un icono de una biblioteca digital.
Cuando compras un juego digital, en realidad compras una licencia de uso. Mientras la cuenta exista. Mientras los servidores funcionen. Mientras la empresa quiera mantener ese contenido disponible. Has pagado prácticamente lo mismo, pero tus derechos son bastante menores.
Y eso debería preocupar incluso a quien jamás compra una caja.
Adiós a las estanterías, a compartir este hobby... y a la segunda mano
El formato físico no son solo cajas cogiendo polvo.
Es el chaval que ahorra para comprar un juego usado.
Es el padre que vende tres juegos antiguos para poder comprar el siguiente.
Es ese amigo que te dice: "Cuando termine el Resident Evil, te lo dejo."
Todo eso desaparece en un ecosistema donde cada compra queda encerrada dentro de una cuenta personal.
Qué casualidad que el único que sale perdiendo sea el consumidor.
También desaparecen puestos de trabajo
Cuando todo pasa a ser digital, no solo desaparecen discos.
También desaparecen empleos.
Tiendas especializadas.
Distribuidores.
Empresas de transporte.
Personal de almacenes.
Comercios de segunda mano.
Toda una cadena que deja de existir porque vender un archivo cuesta mucho menos que fabricar, almacenar y distribuir un producto físico.
Es fantástico para la cuenta de resultados.
No tanto para el resto.
El negocio perfecto
Desde el punto de vista de Sony, la jugada es brillante.
No existe mercado de segunda mano.
No puedes prestar juegos.
No puedes revenderlos.
No puedes comprar más barato en otro sitio.
Todo pasa por su tienda.
Ellos ponen el precio.
Ellos deciden cuándo hay ofertas.
Ellos deciden cuándo desaparece un juego.
Ellos controlan absolutamente todo.
Y algunos todavía creen que esto se hace por comodidad del usuario.
Claro.
Y los anuncios de YouTube están para que descubramos música nueva.
¿Y dentro de veinte años?
Hay una pregunta que casi nadie quiere hacerse.
¿Qué ocurrirá cuando cierren servidores?
¿Qué pasará con juegos que jamás tuvieron edición física?
La historia del videojuego depende cada vez más de empresas privadas que pueden apagar un interruptor cuando deje de resultar rentable mantenerlo encendido.
Preservar un libro es sencillo.
Preservar una película también.
Preservar un videojuego exclusivamente digital... cada vez será más complicado.
Y eso debería preocupar a cualquiera que ame este hobby.
Una alegría pequeñita
No todo iban a ser malas noticias.
Hay un colectivo al que quizá le toque pasar un mal rato.
Los especuladores.
Esos que compraban diez copias de una edición limitada para venderlas tres años después al precio de un órgano vital.
Si el formato físico acaba siendo cada vez más minoritario, igual descubren que utilizar videojuegos como plan de pensiones no era tan buena idea.
No voy a decir que me dé pena.
Porque mentir está feo.
El problema no es el digital
El formato digital no es el enemigo.
Es cómodo.
Es rápido.
Tiene ventajas enormes.
El problema aparece cuando deja de ser una opción para convertirse en la única.
Porque el día que desaparezca el formato físico no habremos perdido solo una caja de plástico.
Habremos perdido el derecho a decidir qué hacemos con algo por lo que ya hemos pagado.
Y ese día, comprar un videojuego se parecerá mucho menos a comprar... y mucho más a pedir permiso para jugar.
Ese sí será el auténtico "Game Over".


¡Por fin puedo pasar por aquí para comentar! Compañero, muy buena entrada. Estoy muy de acuerdo contigo. Y de hecho estoy en la misma situación que tú, porque yo llevo algo más de diez años sin comprar nada físico , así que tampoco lo mío es una rabieta.
ResponderEliminarA mí lo que me da miedo es el monopolio que se puede montar Sony con los precios de su tienda. Por suerte no tenemos ese problema en PC, pero Sony es muy dada a columpiarse de lo lindo con las prácticas anticonsumidor...
¡Nos leemos en el siguiente, un abrazote!
Hola amigo Empepinao!!
EliminarMe alegra un montón que hayas podido pasarte y te haya gustado.
Tienes razón, cuando Sony solo tenga formato digital va a tener descuentos a cuentagotas. Yo creo que nos reímos de Nintendo, pero miedo me da este futuro que se nos viene...