Hay juegos difíciles.
Luego está Super Ghouls ’n Ghosts.
Un título que no busca que te lo pases bien. Busca que te lo ganes. Que sufras. Que llores. Que aceptes que eres peor jugador de lo que pensabas… y que aún así vuelvas a intentarlo como un idiota.
Porque sí, este juego no se termina.
Se sobrevive.
Encarnas a Arthur, un caballero con más huevos que sentido común, cuya principal habilidad es perder la armadura en el primer golpe y quedarse en calzoncillos ante el horror absoluto. Una metáfora bastante acertada de lo que te hace sentir el juego.
La dificultad: una relación tóxica de manual
Aquí no hay curva de aprendizaje.
Aquí hay una pared de ladrillos con pinchos.
Enemigos que aparecen donde no deben.
Saltos medidos al milímetro.
Proyectiles que parecen tener vida propia.
Y cuando crees que lo estás haciendo bien…
zasca.
El juego te recuerda quién manda.
Pero lo peor no es eso.
Lo peor es que cuando mueres, sabes que ha sido culpa tuya.
(Spoiler: a veces no. Pero el juego quiere que lo creas).
El combate: lanza, reza y no mires atrás
El sistema es simple: disparas hacia delante o hacia arriba, y te apañas.
No hay combos. No hay florituras. Solo tú, tu arma… y el caos.
Eso sí, como cojas la daga o el arma equivocada en mal momento, ya puedes ir despidiéndote de la partida.
Porque aquí no eliges tú.
El juego elige por ti… y normalmente mal.
Los cofres: esperanza, traición y muerte
Ves un cofre y piensas: “bien, algo bueno”.
JA.
Error de novato.
Los cofres ocultos en este juego son como una ruleta rusa:
Igual te dan mejor equipo
Igual te convierten en viejo
Igual invocan algo que te mata en segundos
Es como si el propio juego te dijera:
“¿Querías ayuda? Toma, por listo.”
El doble final: porque sufrir una vez no era suficiente
Cuando por fin llegas al final, sudado, temblando, sintiéndote un dios del gaming… el juego te mira a los ojos y te dice:
“Bien, ahora hazlo otra vez.”
Porque sí, el final de verdad requiere pasarte el juego dos veces.
Dos. Veces.
Capcom, todo bien en casa.
Pero entonces… ¿por qué funciona?
Porque debajo de toda esa mala leche hay una obra maestra.
Controles precisos.
Diseño de niveles brillante.
Una ambientación que mezcla terror y cuento oscuro como pocos.
Y una sensación de logro que pocos juegos modernos se atreven siquiera a intentar replicar.
La gárgola roja: el demonio en pixel art
Y luego está esa cosa.
La maldita gárgola roja.
Rápida. Agresiva. Incómoda.
Siempre aparece en el peor momento posible.
No importa lo bien que vayas.
No importa si llevas buena arma.
Llega ella… y se acabó la fiesta.
Es el típico enemigo que no está para desafiarte.
Está para humillarte.
Super Ghouls ’n Ghosts no es un juego para todo el mundo.
Es un rito de paso.
Uno que te rompe… pero también te hace mejor jugador.
O al menos más cabezón.
Y cuando apagas la consola, después de morir por vigésima vez en el mismo salto imposible, solo puedes pensar una cosa:
“Mañana lo vuelvo a intentar.”
No hay comentarios:
Publicar un comentario