Hay juegos que entran por los ojos.
Y luego está Forgive Me Father, que entra como un predicador loco dándote con la Biblia mientras un pulpo te susurra al oído.
Y tú piensas: “esto va a ser la hostia”.
Y durante un rato… lo es.
Luego ya tal.
Un cómic brutal… hasta que deja de compensar
Vamos a empezar por lo bueno, que lo tiene.
El estilo visual es una barbaridad. Todo parece sacado de un cómic enfermizo: enemigos deformes, sangre dibujada, animaciones que parecen viñetas en movimiento… una fantasía.
Aquí hay mimo. Hay personalidad. Hay alguien que dijo: “vamos a hacer algo distinto”.
Y lo consiguieron.
Pero claro, llega un punto en el que el envoltorio no tapa que por dentro estás comiendo el mismo bocadillo una y otra vez… y hasta la Nocilla, cuando la comes todos los días, aburre.
Gameplay: la rueda del hámster, pero con escopeta
El bucle jugable de este juego debería estar penado por la ley.
Entras → disparas → buscas llaves → disparas más → sales → repites.
Y al principio dices: “bueno, es un shooter clásico”.
Y luego: “bueno…”
Y luego: “vale ya, joder”
Porque no evoluciona. No arriesga. No cambia. No te sorprende.
Es como si el juego se quedase atascado en su propia idea.
Y tú ahí, matando lo mismo, de la misma forma, en sitios que empiezan a parecer todos el mismo sitio.
Dificultad: aquí no vienes a jugar, vienes a sufrir
Y ahora lo mejor: la dificultad.
Porque una cosa es que un juego sea difícil… y otra que te vacile.
Aquí hay momentos en los que no sabes si estás jugando o si el juego te está castigando por algo que hiciste en 2007.
Enemigos por todos lados, daño absurdo, situaciones caóticas donde la estrategia es básicamente:
“corre, dispara y reza”
Y muchas veces ni rezando.
No es ese reto que te pica y quieres mejorar.
Es ese que te hace mirar la pantalla y decir:
“no es culpa mía… ¿verdad?”
(Spoiler: no siempre lo es).
Repetitivo hasta el punto de pedir auxilio
Y aquí está el crimen de verdad.
Porque el juego no solo repite…
es que se recrea en repetir.
Cuando llevas unas horas, ya no estás disfrutando el combate. Estás cumpliendo condena.
Te sabes el patrón. Te sabes el ritmo. Te sabes TODO.
Y aun así el juego insiste: “otra vez, venga”.
Y tú: “pero si ya lo hemos hablado”.
Lo peor: que podía haber sido un pepinazo
Esto es lo que más rabia da.
Porque Forgive Me Father tenía todo para ser un juegazo:
Estética que te vuela la cabeza
Ambientación con rollo lovecraftiano que entra sola
Base jugable sólida
Pero alguien decidió que con eso ya valía… y no, amigo, no valía.
Le falta variedad. Le falta ritmo. Le falta saber cuándo parar de darte lo mismo con otro color.
Le falta, básicamente, respetar un poco tu tiempo.
Veredicto Retromostoladas
Forgive Me Father es como ir a un restaurante donde te ponen un plato increíble…
y luego te lo sirven 15 veces seguidas.
Al final no estás disfrutando. Estás sobreviviendo.
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