domingo, 1 de febrero de 2026

Medievil. El héroe que no merecía ese título, pero se lo ganó ya muerto.



Dentro de los plataformas hay títulos muy diferentes y con dificultades muy diversas.

Unos son juegos para gente con el cerebro justo. Suelen ser de Disney o Lego.

Otros tantos tienen más tiros que en el O.K. Corral. Estos suelen ser complicadetes.

Y luego está MediEvil.

No es difícil. Es un puto caos hecho juego.

El control es una cagada.

La cámara es tu peor enemiga.

Los checkpoints… risas de mal gusto de los desarrolladores.

Y aun así… no puedes dejarlo.

Sir Daniel Fortesque: el héroe que no lo fue tanto.

Participó en la batalla de Gallowmere. Bueno… “participó”.

La primera flecha que lanzaron le dio en el ojo y palmó.

Valiente gilipollas.

Mientras los demás ganaban la guerra, Daniel era enterrado con honores.

Estatua, fama, gloria… sin haber hecho nada.

Cien años de mentira, hasta que Zarok intenta levantar a su ejército de muertos y monstruos… y la caga.

Resucita a todos los muertos del reino, incluido Daniel. Huesos, armadura, un ojo y ganas de arreglar su cagada histórica.


Un juego que te saca canas.

MediEvil no es difícil, eh.

Es injusto.

Te castiga porque todo conspira en tu contra: control torpe, cámara que te odia, enemigos que salen de la nada, plataformas que parecen trampas de puto sadismo.

Los checkpoints son una broma.

Te cabreas. Mucho.

Pero te ríes. También mucho.


Humor negro, macabro y delicioso.

El juego es raro. Entre cuento infantil y pesadilla.

Lo abraza. Lo hace suyo.

Enemigos: zombis, espantapájaros, monstruos que parecen creados por un borracho con resaca crónica.

Y la música… dios, la música.

Heroica y tétrica a la vez. Te hace sentir grande, torpe y ridículo. Al mismo tiempo.

El remake lo pule bonito, pero no cambia lo que importa: la frustración y el encanto siguen intactos.


Fases para recordar… y maldecir.

Cementerios que te odian, castillos que parecen hechos por un jefe de obra borracho de licor de hierbas, aldeas que te miran mal.

Cada fase es un puto reto de paciencia y risas negras.

Aprendes que ser bueno en este juego no está en ser bueno…

Sino en sobrevivir al caos y seguir riéndote mientras te matan.


Por que le tengo a Medievil en taaaan gran estima.

MediEvil no es perfecto.

No es justo.

No te cuida.

Pero tiene alma. Carisma. Flow.

Sir Daniel Fortesque te enseña que incluso un esqueleto torpe puede ser leyenda.

Que la gloria a veces se roba… y otras veces te la mereces, aunque solo sea por aguantar.

Y por eso, cada vez que vuelvo a Gallowmere, me siento vivo.

Frustrado, torpe… pero vivo.


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